jueves, 31 de mayo de 2012

Una tarde en el Ateneo

Los días de otoño llegan con fuerza a Buenos Aires, el frío ya se hace sentir en sus calles, y con el viento helado que despeina cabelleras es un recordatorio que el invierno está llamando a nuestras puertas y que los calentanos de tierras tropicales no queremos abrir.

Pero hoy fue un día diferente, aprovechando que la temperatura no ha bajando tanto, es bueno para salir a hacer lo que mas me gusta y disfruto de ésta ciudad: caminar. Así que con el propósito de disfrutar mi caminata y las calles de Buenos Aires, me fui a paso lento, parando a ver las vitrinas, que para ésta época nos ofrecen una amplia variedad de sacos, bufandas, guantes, sombreros (amo ésta ciudad!) abrigos, botas...en fin la muestra es grande, para todos los gustos y bolsillos. Viendo las personas caminar, los cafés (que hay uno en cada esquina...literalmente) y el ritmo de la ciudad que sin ser caótico como el de Bogotá, si es rápido y sin pausa.

Mi elegida de hoy fue la calle Santa Fe, que se encuentra a unas dos calles de mi casa: salgo, tomo Esmeralda y llego a Santa Fe ¿será por algo en particular que me gusta tanto ésta calle?...depronto si.  Saliendo por Santa Fe paso Suipacha, para llegar a la avenida más ancha del mundo la 9 de Julio, que por éstas cosas inexplicables, en sus dos extremos tienen otros nombres, osea son otras calles? o sigue siendo la 9 de Julio? No lo sé; hago una parada obligatoria en la esquina, no quiero morir atropellada por un colectivo, taxi o particular; reviso el semáforo peatonal (que aquí en BA si hay en cada esquina y funcionan!) y cuando da luz blanca acelero mi paso, tratando de cruzar toda la 9 de Julio de un solo envión, como una clase de reto, de carrera, así que me pongo en posición y doy grandes zancadas, menos mal Diosito me dio las piernas bien largas, no me imagino a mi mamá o a Marinita en éstas; con paso firme y largo alcanzo a llegar hasta Cerrito, el nombre del otro lado de la 9 de Julio, miro el semáforo peatonal y titila en rojo, señal que debo parar hasta que cambie a blanco nuevamente. De reojo veo la cantidad de gente al lado mío esperando para cruzar, al fondo se ve la figura de Eva Duarte, o Evita Perón, lo que me recuerda en donde estoy, que a veces por momentos se me olvida...

Tomo nuevamente Santa Fe, sigo caminando y disfrutando de la arquitectura y porque no, del clima, no hace tanto frío, así que me siento un poquito en Bogotá, camino hasta Callao, cruzo y a unos 400 metros está la Librería el Ateneo, que es de lo que hoy les quiero hablar.

El Ateneo es una cadena de librerías aquí en Buenos Aires, el local más emblemático es la de la calle Florida, pero éste de la calle Santa Fe es particularmente especial. Antiguamente era el Teatro Grand Splendid, inaugurado en 1919 y construido por Max Glucksman (como se ponen pie de página en ésta cosa???, eso de ser blogger novata) En la década de los 20 era un escenario para la movida tanguera y por su escenario desfilaron leyendas como Carlos Gardel, Corsini y Roberto Firpo.

En el año 2000 la cadena de librerías lo adquiere, lo remodela y lo convierte en un lugar maravilloso, ya que conserva la estructura del antiguo teatro, que tenía capacidad para 500 personas en su platea y los 4 pisos de palcos, que hoy son parte de la librería también.

Al entrar se puede ver al fondo el escenario original, que conserva su telón y piano que alguna vez fueron usados para conciertos, recitales y obras de teatro, hoy día el escenario es un café, donde la  gente se sienta a conversar. El café no desentona para nada y se mimetiza muy bien con los libros, discos y revistas, haciendo que haga parte del lugar.

Una vez en la librería es imposible no quedarse perplejo y no saber que hacer y para dónde ir, de la cantidad de posibilidades que hay, es tan abrumador que son 5 pisos de solo libros, donde se puede encontrar de todo tipo de géneros, tamaños, formas, idiomas, nuevos, viejos, lindos, feos, cortos, de mil páginas...es impresionante. Decido irme hacia el lado de comunicación y periodismo, no lo sé porque exactamente, pero últimamente me picó el bichito de eso de escribir, que por lo que veo me está fluyendo bien. Escojo un libro muy a doc para mi situación aquí en Argentina, se llama: Alta Rotación, y es la crónica de una periodista que durante un año hizo un trabajo de campo, aplicando a trabajos que los jóvenes aquí en Argentina tienen durante sus carreras; una óptica vivencial, dónde ella en su propia experiencia pudo darse cuenta de la situación laboral de los jóvenes aquí en éste país. Leí las primeras páginas y quede enganchada con el libro, y lo maravilloso del Ateneo es que uno se puede quedar las horas que quiera aquí leyendo, sin obligación de compra...igualito que en Colombia, en dónde ó están sellados, o va el vigilante a decirle, lo va a comprar o lo deja en el estante...Hay salas de lectura con sillas, dónde se puede entregar a la lectura sin problemas de que alguien venga a molestarlo, son las cosas que me encantan de éste lugar y de éste país. Es lo que lo hace un lugar fascinante; por un momento perdí la noción del tiempo, y mi caminata se había convertido en una profunda lectura que duró 2 horas y 40 minutos, lo maravilloso de los libros y  es en ése momento dónde me cuestiono si de verdad quiero el Kindle...(tableta para leer libros de Amazon)pero nada como tomar el libro, pasar las páginas, sentir la textura del papel y su olor.

Estando aquí es inevitable pensar en mi papá y en lo inmesamente feliz que sería pasando aquí sus tardes (pueden ser las de pensionado, cuando ya no le toque llegar a la oficina a las 6 de la mañana, ni estrenar vestido cada vez que viaja el jefe...) entregándose a la atemporalidad que nos puede dar una buena lectura, disfrutando la música que ambienta el lugar, y la tranquilidad que se respira. Realmente fue una tarde increíble, vi muchos títulos que quisiera comprar, pero que todavía no puedo, pero realmente no importa, porque disfrute de una tarde maravillosa.

Salgo de la tienda y ya es de noche, con una sensación de regocijo en el corazón, de paz y de un montón de información en mi cerebro, es como si mi mente me estuviera dictando la entrada al blog, es impresionante.
Tomo Santa Fe nuevamente con destino a mi apartamento, diciéndole a mi cerebro que me espere un poquito, que ya falta poco para prender el computador y sentarse a escribir.

Lo estoy disfrutando sobremanera, creo que buscaré un curso de redacción o algo así.

Buena noche para todos

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